Combatir nuestro mal humor como padres empieza por aprender a relajarnos, pero también por enseñarles a nuestros hijos ciertas normas y reglas.

Los motivos por los que podemos perder los nervios son muy variados, desde el cansancio acumulado después de un día duro de trabajo, hasta la frustración por tener que lidiar con tu hijo que no sabe aún dominar sus impulsos y emociones. Sin embargo, no importa el motivo, siempre existe una vía para no acabar de mal humor y al borde de un ataque de nervios.

Es cierto, que cada padre es un mundo y que no existe un método específico para que nuestros hijos nos saquen de nuestras casillas, pero se puede reducir la frecuencia y la intensidad. Por un lado, los más pequeños tienen que tener sus necesidades básicas cubiertas. Por ejemplo, un niño que tenga hambre, no va a parar hasta que coma, y esto nos puede estresar. Por otro lado, los adultos tienen que relajarse más y contar hasta 10: si conseguimos relajarnos los niños también lo harán.

Tened presente que los niños copian en todo a sus padres, el modelo de conducta también. Si nos enfadamos y gritamos, ellos también lo harán. Tenemos que ponernos siempre en su lugar, escucharlos y ayudarles a canalizar sus emociones, pero también corregirles cuando cometan un fallo y decirles que no cuando sea necesario.

Por ello, para evitar estas situaciones que a nadie le agradan, hay que procurar tener momentos personales, como leer un libro, ver una película o incluso dar un paseo. También, es clave poseer un sitio personal, o un pequeño tiempo a la semana para poder estar sin hijos, para quedar con algún amigo, practicar algún deporte…

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