(Preguntas difíciles, parte 1)

Han pasado 41 años desde el nacimiento de Louise Brown, el primer bebé nacido mediante fecundación in vitro. Desde entonces, más de tres millones de bebés han nacido en todo el mundo gracias a técnicas de reproducción asistida. Este camino no solo afecta a los adultos que quieren ser padres, sino también a los niños que quieren entender cómo nacieron. Pero ante la pregunta “Mamá, papá, ¿cómo nací?”, dudas y temores aparecen en la mente de los padres: ¿se lo cuento o no? Y si lo hago, ¿cómo se lo cuento? ¿Me seguirá aceptando como padre? ¿Querrá en el futuro buscar a los donantes genéticos? ¿Se sentirá diferente respecto a los demás?

¿Cómo podemos explicarles algo que nos ha resultado tan difícil de aceptar a nosotros mismos?

Los estudios sobre este tema son diversos, y evidencian que no es el contenido del mensaje en sí mismo lo que crea dificultades, sino más bien el temor de que no se nos reconozca como padres a todos los efectos.

Por lo tanto, es evidente que el problema de cómo comunicarlo existe, pero, ante todo, el mayor problema es la sensación de sentirse inadecuados, así como los sentimientos de vergüenza y de culpa hacia uno mismo, la sociedad y los hijos.

El apoyo psicológico es importante

Superar desde el primer momento la sensación de ser una persona o pareja “defectuosa” permite no sentirse como un padre diferente que tiene hijos diferentes. Por lo tanto, incluso antes de convertirse en padres, es necesario aceptar las dificultades para tener niños, la necesidad de pedir ayuda y entender la compleja experiencia emocional que implica esta situación. Porque está claro que si nos sentimos inadecuados como padres, el mensaje que llegará a nuestros hijos no será de serenidad, independientemente de cómo fueron concebidos.

Por ello, antes de comenzar el camino de la reproducción asistida, durante, e incluso después, es aconsejable estar acompañado psicológicamente por un profesional que nos ayude a superar nuestros propios miedos y  ansiedades para no transmitirlos a los niños el día de mañana.

Un cuento de hadas puede ser la respuesta

La identidad y la personalidad de un niño evolucionan y se organizan en gran medida en torno a una base de cuentos, narraciones, historias. Historias sobre los comienzos, “cuando aún no habías nacido”, “cuando llegaste”, “mientras te estábamos esperando”, “cuando eras pequeño”, que entrelazan los hilos de la experiencia con los de las emociones y las relaciones afectivas con los padres y figuras de referencia. Se crea así una base sólida e importante para la vida futura de los adultos en los que estos niños se convertirán.

Un cuento puede ser una herramienta útil en la que basar dichas historias. A través del uso de metáforas y de un lenguaje sencillo,  los cuentos como “Hay una vez – La gran aventura de la reproducción asistida” pueden ayudar a desatar nudos que parecía imposibles de desanudar. Pueden ayudar a los niños, pero también a los adultos, a conectar las tramas de sus vidas, sueños y deseos en aquellas situaciones en las que esto puede parecer complicado.

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